miércoles, 5 de agosto de 2020

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CUADERNOS DE LA PROVINCIA.

Cuadernos | Campus Educativo

Cambiar el mundo. (Tradición oral)


En una plaza de un pueblo muy lejano, un joven llamado Yacoub contaba cuentos. Estaba rodeado de niños y mayores y, a él, nunca se le acababan las historias.
Pasó el tiempo y aquel hombre se hizo viejo, pero seguía yendo a contar cuentos a la plaza. Ahora, ya no le oía nadie, pero seguía teniendo historias y las decía.
Un hombre, que le observaba en la distancia se acercó hasta él y le preguntó:
-¿Por qué sigue usted contando historias? ¿Es que no ve que se ha quedado solo? Todos se han ido. A nadie le interesan sus cuentos.
El viejo cuentacuentos le miró con una sonrisa cansada y le dijo:
-Antes contaba cuentos para cambiar el mundo. Ahora, cuento cuentos para que el mundo no me cambie a mí.

7° Grado

Cuento de Horror. de Marco De Nevi.


Ratón muy alto y ratón muy bajo (Arnold Lobel)


Había una vez un ratón muy alto
Y un ratón muy bajo
Que eran buenos amigos.
Cuando se encontraban,
Ratón muy alto decía:
- ¡hola, ratón muy bajo!
Y ratón muy bajo decía:
- ¡hola, ratón muy alto!
Los dos amigos
Solían pasear juntos.
Cuando paseaban,
Ratón muy alto decía:
- ¡hola, pájaros!
Y ratón muy bajo decía:
- ¡hola, hormigas!
Cuando pasaban
Por un jardín,
Ratón muy alto decía:
- ¡hola flores!
Y ratón muy bajo
Decía:
- ¡hola raíces!
Cuando pasaban delante de una casa,
Ratón muy alto decía:
- ¡hola, tejado!
Y ratón muy bajo
Decía:
- ¡hola, sótano!
Un día les pillo una tormenta.
Ratón muy alto dijo:
- ¡hola, gotas de lluvia!
Y ratón muy bajo
Dijo:
- ¡hola, charcos!
Corrieron a casa para resguardarse.
- ¡hola, techo!
-dijo ratón muy alto.
- ¡hola, suelo!
-dijo ratón muy bajo.
Pronto paso la tormenta.
Los dos amigos
Se acercaron a la ventana.
Ratón muy alto alzó a su hombro a ratón muy bajo
Para que pudiese ver.
Y los dos juntos dijeron:
¡Hola Arco Iris!

El hombre que se transformaba demasiado (Alejandro Dolina )


El doctor Maderna aprendió a convertirse en mariposa cuando era un adolescente.
Más tarde adquirió nuevas destrezas y así llegó a transformarse en gato, en anguila, en pez, en caléndula y en escritorio.
Siendo adulto era capaz de convertirse en cualquier objeto a su capricho.
Sin embargo, sus metamorfosis se hicieron tan frecuentes que su familia vivía en inquietud constante. Nadie se atrevía a matar a una cucaracha, por temor a que se tratara del doctor Maderna. Una noche lo arrojaron a la basura bajo la forma de una esponja usada y un domingo estuvo a punto de ser devorado por su propio hijo, quien no supo reconocerlo en un chorizo. Cada vez era menos asidua su apariencia original.
Eso sí, nunca dejaba de asumirla el día de su cumpleaños, para no perderse obsequios y homenajes.
Una madrugada entraron ladrones y se lo robaron, cuando era un jarrón de cristal. Nunca más se supo de él.
Desde entonces, su pobre esposa recorre las casas y negocios de la ciudad, hablando tiernamente a los floreros:
- Ramón... Ramón... Maderna...
Pero los jarrones siempre son jarrones, o acaso son alguna otra persona.

Pájaros prohibidos (Eduardo Galeano)

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didasko Lopez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años.
La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la carcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de arboles. Los arboles no están prohibidos, y el dibujo pasa.
Didasko le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los arboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:
-¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?
La niña lo hace callar:
-Ssshhhh...
Y en secreto le explica:
-Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

El globo azul. Julia Rossi (versión de Claudio Ledesma)


La abuela Luisa se despertó esa mañana con un hambre terrible, hacía mucho que no cocinaba una buena comida.
Abrió la puerta de la heladera y se dio cuenta que estaba vacía, no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Así que tomo la bolsa de los mandados, pasó de largo frente al espejo y bajo las escaleras muy despacio, porque le pesaban tantos años de viudez.
Abrió la puerta de la calle y encontró del otro lado un globo azul. La abuela Luisa pensó que ese globo sería de algún niño, así que miró hacía los costados y no había nadie, en los balcones, tampoco.
Comenzó a caminar y el globo la seguía atrás, la abuela Luisa comenzó a caminar más rápido, y el globo atrás. Llegó a una esquina, dobló, y el globo atrás, pero cuando dobló, vió que venía cruzando la calle un viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
Luisa se puso tan nerviosa, hacía rato que no veía un viejito tan lindo.
El viejito se acercó y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
- No..., no..., no... tartamudeó Luisa.
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Dijo el viejito, tomó el globo y se fue.
La abuela Luisa quedó flotando en el aire, volvió a su casa pensando en el viejito, recordando ese sombrero, esa barba, esos bigotes...
Y se quedó dormida. Al otro día se despertó y se dió cuenta que tenía mucha hambre porque hacía un día que no comía.
Abrió la puerta de la heladera y no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Tomó la bolsa de los mandados, pasó frente al espejo, se miró, se sacó el delantal y se acomodó un rulo detrás de la oreja. Bajó las escaleras, abrió la puerta y del otro lado el globo, azul, redondo. Comenzó a caminar muy lentamente y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y el globo atrás y cuando dobló, venía cruzando la calle el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acerco y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
Luisa se puso colorado como un tomate y contestó con un hilito de voz: - No... no... no...
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Se agachó, tomó el globo y se fue.
Luisa sentía que el corazón le latía muy rápido, comenzó a caminar hacía su casa, pensando en el viejito, en el sombrero, los bigotes, la barba y el bastón. Llegó a su casa y se quedo dormida.
Al otro día se despertó y se dió cuenta que hacía dos días que no comía. Se levantó, abrió el placard y saco su mejor vestido, se maquilló y se peinó frente al espejo, se puso unas gotitas de perfume y bajó las escaleras corriendo. Abrió la puerta y del otro lado, redondo, azul el globo.
4 Rayuela, el arte de contar cuentos
Comenzó a caminar y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y cruzando venía el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acercó, pero esta vez no se dirigió a Luisa, sino al globo y le dijo: - ¿Globo, esta abuela es tuya?
Y el globo le dijo: - ¡No, no y no!
- ¡Entonces me la llevo para mis nietos!
La tomó del brazo y se fueron caminando juntos... y el globo, atrás...

Miedo. Graciela Cabal.

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Había una vez un chico que tenía miedo.
Miedo a la oscuridad, porque en la oscuridad crecen los monstruos.
Miedo a los ruidos fuertes, porque los ruidos fuertes te hacen agujeros en las orejas.
Miedo a las personas altas, porque te aprietan para darte besos.
Miedo a las personas bajitas, porque te empujan para arrancarte los juguetes.
Mucho miedo tenía ese chico.
Entonces, la mamá lo Ilevó aI doctor.
Y el doctor le recetó al chico un jarabe para no tener miedo (amargo era el jarabe).
Pero al papá le pareció que mejor que el jarabe era un buen reto:
-iBasta de andar teniendo miedo, vos!- le dijo -. ¡Yo nunca tuve miedo cuando era chico!
Pero al tío le pareció que mejor que el jarabe y el reto era una linda burla:
-¡ La nena tiene miedo, la nena tiene miedo!
El chico seguía teniendo miedo. Miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las personas altas, a las personas bajitas.
Y también a los jarabes amargos, a los retos y a las burlas.
Mucho miedo seguía teniendo ese chico.
Un día el chico fue a la plaza. Con miedo fue, para darle el gusto a la mamá.
Llena de personas bajitas estaba la plaza. Y de persona altas.
El chico se sentó en un banco, al lado de la mamá.
Y fue ahí que vio a una persona bajita pero un poco alta que le estaba pegando a un perro con una rama.
Blanco y negro era el perro. Con manchitas.
Muy flaco y muy sucio estaba el perro.
Y al chico le agarró una cosa acá, en el medio del ombligo.
Y entonces se levantó del banco y se fue al lado del perro. Y se quedó parado, sin saber qué hacer. Muerto de miedo se quedó.
La persona alta pero un poco bajita lo miró al chico. Y después dijo algo y se fue.
Y el chico volvió al banco.
Y el perro lo siguió al chico. Y se sentó al lado.
-No es de nadie- dijo el chico -.¿lo Ilevamos?
-No- dijo la mamá.
-Sí- dijo el chico -. Lo Ilevamos.
En la casa la mamá lo bañó al perro.
Pero el perro tenía hambre.
El chico le dio leche y un poco de polenta del mediodía.
Pero el perro seguía teniendo hambre. Mucha hambre tenía ese perro.
Entonces el perro fue y se comió todos los monstruos que estaban en la oscuridad, y todos los ruidos fuertes que hacen agujeros en las orejas. Y como todavía tenía hambre también se comió el jarabe amargo del doctor, los retos del papá, las burlas del tío, los besos de las personas altas y los empujones de las personas bajitas.
Con la panza bien rellena, el perro se fue a dormir.
Debajo de la cama del chico se fue a dormir, por si quedaba algún monstruo.
Ahora el chico que tenía miedo no tiene más miedo.
Tiene perro.




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Hola chicos, este es el rincon de biblioteca. Bienvenidos. En esta segunda parte del año. Vamos a trabajar desde el blog.

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