miércoles, 5 de agosto de 2020

El globo azul. Julia Rossi (versión de Claudio Ledesma)


La abuela Luisa se despertó esa mañana con un hambre terrible, hacía mucho que no cocinaba una buena comida.
Abrió la puerta de la heladera y se dio cuenta que estaba vacía, no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Así que tomo la bolsa de los mandados, pasó de largo frente al espejo y bajo las escaleras muy despacio, porque le pesaban tantos años de viudez.
Abrió la puerta de la calle y encontró del otro lado un globo azul. La abuela Luisa pensó que ese globo sería de algún niño, así que miró hacía los costados y no había nadie, en los balcones, tampoco.
Comenzó a caminar y el globo la seguía atrás, la abuela Luisa comenzó a caminar más rápido, y el globo atrás. Llegó a una esquina, dobló, y el globo atrás, pero cuando dobló, vió que venía cruzando la calle un viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
Luisa se puso tan nerviosa, hacía rato que no veía un viejito tan lindo.
El viejito se acercó y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
- No..., no..., no... tartamudeó Luisa.
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Dijo el viejito, tomó el globo y se fue.
La abuela Luisa quedó flotando en el aire, volvió a su casa pensando en el viejito, recordando ese sombrero, esa barba, esos bigotes...
Y se quedó dormida. Al otro día se despertó y se dió cuenta que tenía mucha hambre porque hacía un día que no comía.
Abrió la puerta de la heladera y no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Tomó la bolsa de los mandados, pasó frente al espejo, se miró, se sacó el delantal y se acomodó un rulo detrás de la oreja. Bajó las escaleras, abrió la puerta y del otro lado el globo, azul, redondo. Comenzó a caminar muy lentamente y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y el globo atrás y cuando dobló, venía cruzando la calle el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acerco y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
Luisa se puso colorado como un tomate y contestó con un hilito de voz: - No... no... no...
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Se agachó, tomó el globo y se fue.
Luisa sentía que el corazón le latía muy rápido, comenzó a caminar hacía su casa, pensando en el viejito, en el sombrero, los bigotes, la barba y el bastón. Llegó a su casa y se quedo dormida.
Al otro día se despertó y se dió cuenta que hacía dos días que no comía. Se levantó, abrió el placard y saco su mejor vestido, se maquilló y se peinó frente al espejo, se puso unas gotitas de perfume y bajó las escaleras corriendo. Abrió la puerta y del otro lado, redondo, azul el globo.
4 Rayuela, el arte de contar cuentos
Comenzó a caminar y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y cruzando venía el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acercó, pero esta vez no se dirigió a Luisa, sino al globo y le dijo: - ¿Globo, esta abuela es tuya?
Y el globo le dijo: - ¡No, no y no!
- ¡Entonces me la llevo para mis nietos!
La tomó del brazo y se fueron caminando juntos... y el globo, atrás...

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