La abuela Luisa se despertó esa mañana con un hambre terrible, hacía mucho que no cocinaba una buena comida.
Abrió la puerta de la heladera y se dio cuenta que estaba vacía, no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Así que tomo la bolsa de los mandados, pasó de largo frente al espejo y bajo las escaleras muy despacio, porque le pesaban tantos años de viudez.
Abrió la puerta de la calle y encontró del otro lado un globo azul. La abuela Luisa pensó que ese globo sería de algún niño, así que miró hacía los costados y no había nadie, en los balcones, tampoco.
Comenzó a caminar y el globo la seguía atrás, la abuela Luisa comenzó a caminar más rápido, y el globo atrás. Llegó a una esquina, dobló, y el globo atrás, pero cuando dobló, vió que venía cruzando la calle un viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
Luisa se puso tan nerviosa, hacía rato que no veía un viejito tan lindo.
El viejito se acercó y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
- No..., no..., no... tartamudeó Luisa.
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Dijo el viejito, tomó el globo y se fue.
La abuela Luisa quedó flotando en el aire, volvió a su casa pensando en el viejito, recordando ese sombrero, esa barba, esos bigotes...
Y se quedó dormida. Al otro día se despertó y se dió cuenta que tenía mucha hambre porque hacía un día que no comía.
Abrió la puerta de la heladera y no tenía papás, batatas, zapallo ni zanahorias. Tomó la bolsa de los mandados, pasó frente al espejo, se miró, se sacó el delantal y se acomodó un rulo detrás de la oreja. Bajó las escaleras, abrió la puerta y del otro lado el globo, azul, redondo. Comenzó a caminar muy lentamente y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y el globo atrás y cuando dobló, venía cruzando la calle el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acerco y le dijo: - ¿Abuela, ese globo es suyo?
Luisa se puso colorado como un tomate y contestó con un hilito de voz: - No... no... no...
- Entonces, se lo llevo para mis nietos. Se agachó, tomó el globo y se fue.
Luisa sentía que el corazón le latía muy rápido, comenzó a caminar hacía su casa, pensando en el viejito, en el sombrero, los bigotes, la barba y el bastón. Llegó a su casa y se quedo dormida.
Al otro día se despertó y se dió cuenta que hacía dos días que no comía. Se levantó, abrió el placard y saco su mejor vestido, se maquilló y se peinó frente al espejo, se puso unas gotitas de perfume y bajó las escaleras corriendo. Abrió la puerta y del otro lado, redondo, azul el globo.
4 Rayuela, el arte de contar cuentos
Comenzó a caminar y el globo atrás, llegó a la esquina, dobló y cruzando venía el viejito con sombrero, bigotes, barba y bastón.
El viejito se acercó, pero esta vez no se dirigió a Luisa, sino al globo y le dijo: - ¿Globo, esta abuela es tuya?
Y el globo le dijo: - ¡No, no y no!
- ¡Entonces me la llevo para mis nietos!
La tomó del brazo y se fueron caminando juntos... y el globo, atrás...
No hay comentarios:
Publicar un comentario